Guía
Qué especias tener en la cocina, por niveles
No hace falta un armario lleno de botes para cocinar bien — hace falta saber sazonar con lo poco que tengas. Esta es una selección por niveles: cada nivel incluye el anterior, así que si tienes el nivel Avanzado ya tienes también el Básico y el Estándar.
Básico
Los dos pilares de la cocina occidental:
- Sal — mejor en grano grueso: se nota entre los dedos y es mucho más
fácil controlar la cantidad. Marina, sin aditivos. Poca sal y el plato no sabe a nada; mucha, y no hay receta que lo arregle.
- Pimienta negra — cruda aporta aroma y el picor característico; cocinada
se vuelve más amarga, y ese amargor corta los sabores muy potentes o empalagosos (la misma función que el laurel). Por eso muchos platos la llevan dos veces: en la cocción y recién molida al servir.
Estándar
- Chile deshidratado / peperoncino — la base de cualquier sofrito con
ajo y aceite. Da un toque de fondo, no solo picante.
- Laurel — igual que la pimienta negra, corta el empalago en guisos,
caldos y arroces. Pierde aroma rápido: si lleva mucho tiempo abierto, renuévalo.
- Pimentón — dulce o picante, imprescindible en cualquier sofrito. Aporta
color, un puntito ahumado y rompe la homogeneidad de un plato (por algo es lo último que se echa al pulpo a feira).
- Comino — el sabor que casi siempre falta cuando algo "le falta algo",
sobre todo en platos de carne. Mejor en grano que molido: aguanta más el aroma y en muchas recetas se puede echar entero.
Avanzado
- Orégano — nada que ver con la albahaca fresca, pero igual de esencial
en la cocina italiana. El orégano mexicano es una variedad más floral, distinta del que se usa en Europa.
- Canela — en salado es otra historia completamente distinta a los
postres: da un toque casi refrescante. Ceylán (ramas finas) es suave; Cassia (la más común) es más fuerte y picante.
- Curry — ojo, no es una especia, es una mezcla (como el garam masala).
Cada región tiene la suya: nunca sabe exactamente igual de un bote a otro.
- Cayena en polvo — picante casi puro, con poco protagonismo de sabor
propio. Se usa en cantidades mínimas porque pica mucho.
- Cardamomo verde — un sabor complejo, floral, que destaca donde lo
pongas — úsalo con moderación. Golpea la vaina antes de usarla en grano para que suelte el aroma; si lo mueles, retira antes la cáscara.
- Pimienta de Jamaica (allspice) — sabe literalmente a canela + clavo +
pimienta negra + nuez moscada a la vez. Si no la encuentras, esa mezcla a partes iguales es un sustituto directo.
Especializado (por gastronomía)
Estas son más situacionales, pero conviene tenerlas localizadas:
- Cúrcuma — hay que cocinarla, cruda sabe a poco. Colorante amarillo
natural, pilar de la cocina india.
- Garam masala — otra mezcla india, para aportar ese perfil de sabor de
golpe sin moler media docena de especias por separado.
- Chile Kashmiri — pica poco pero tiene un sabor muy propio de la cocina
india; también colorante. Sustituto de emergencia: 3 partes de pimentón dulce por 1 de cayena.
- Cilantro en grano — no tiene nada que ver con la hoja fresca (así que
si odias el cilantro fresco, no des por hecho que odiarás esto). Combina muy bien con el comino.
- Clavo de olor — huele a Navidad. Con canela y jengibre en polvo forma
el trío clásico de bizcochos y pasteles de invierno.
- Jengibre en polvo — distinto del fresco, va bien con canela y clavo, y
también en platos orientales para aligerar.
- Pimienta de Sichuan — exclusiva de la cocina de Sichuan (China), aroma
cítrico y un efecto de adormecimiento en labios y lengua único. Merece la pena probarla al menos una vez.
- Nuez moscada — mejor entera, rallándola al momento; molida pierde el
aroma rápido. Imprescindible en una bechamel.
- Cardamomo negro — primo del verde pero con notas terrosas y ahumadas,
bueno en caldos y guisos largos. Se conserva bien en el congelador.
- Pimienta blanca — es pimienta negra sin la cáscara: más potente de
sabor, sin el amargor de la negra. Típica de la cocina china y de salsas blancas donde no se quieren ver motas negras.
- Glutamato monosódico (MSG) — potenciador de sabor como la sal, pero
centrado en el umami. Está en alimentos normales como el jamón o el tomate, y a pesar de la fama, no hay evidencia de que sea perjudicial.